La doctora que está cambiando las reglas

Laia Sánchez está transformando la conversación sobre la salud de las mujeres desde la ciencia, el feminismo, la divulgación y una manera profundamente contemporánea de ejercer la medicina.

 

Barcelona, 20 de Julio de 2026 / Redacción: Alicia Luque

Existe una imagen bastante instalada en nuestro imaginario sobre cómo debería ser una doctora. Una determinada forma de vestir, de hablar, de comportarse y hasta de relacionarse con sus pacientes. Durante décadas, la autoridad médica se ha construido también a través de esos códigos: la bata blanca, el lenguaje técnico, la distancia y una cierta solemnidad que parecía necesaria para transmitir conocimiento y credibilidad. La doctora Laia Sánchez no responde exactamente a ese retrato y, probablemente, ahí comienza una de las partes más interesantes de su historia.

Fotografía de Sensi Albets

Ginecóloga integrativa y especialista en Psiconeuroinmunología Clínica (PNI), divulgadora y fundadora de Alma by Women, Laia pertenece a una generación de profesionales que está construyendo una relación diferente con la medicina y con las mujeres que se sientan al otro lado de la consulta. Su manera de ejercer parte de una mirada amplia sobre la salud femenina, pero también de una curiosidad casi inagotable por aquello que todavía queda por comprender. Quienes la conocen saben de su necesidad constante de seguir aprendiendo, de su capacidad para devorar artículos científicos y de una voluntad de actualización que forma parte de su manera de entender la profesión. 

Quizá esa sea una de las claves para entender por qué Laia resulta una figura tan poco convencional. Porque su manera de romper moldes no responde a una única decisión, sino que atraviesa prácticamente todos los ámbitos de su vida profesional. Está en su forma de vestir y en su relación con la moda, en la perspectiva desde la que ejerce la ginecología, en su defensa de una medicina que tenga en cuenta las diferencias entre mujeres y hombres, en su manera de divulgar y en esa inquietud intelectual que la empuja constantemente a preguntarse si aquello que hemos dado por sentado durante años sigue siendo necesariamente la única manera de entender las cosas.

Una médica que ha decidido mirar donde otros no miraban

Hay una dimensión especialmente importante en la forma en que Laia entiende su profesión: su perspectiva de género y su visión abiertamente feminista y reivindicativa de la medicina. Una posición que la lleva a cuestionar por qué, durante tanto tiempo, el cuerpo de las mujeres ha sido estudiado, diagnosticado y tratado desde parámetros que no siempre han tenido suficientemente en cuenta sus particularidades y por qué tantas experiencias vinculadas a la salud femenina han sido normalizadas, minimizadas o insuficientemente investigadas.

Defender públicamente esta mirada implica también asumir una posición dentro de la propia profesión. Significa señalar sesgos históricos de la investigación y de la práctica clínica, cuestionar inercias profundamente instaladas y defender la necesidad de escuchar de otra manera a las mujeres que llegan a consulta. Para Laia, la perspectiva de género no es un discurso añadido a su trabajo, sino una forma de ejercer la medicina que atraviesa la manera en que observa, pregunta e intenta comprender aquello que sucede en el cuerpo de sus pacientes.

En el origen de esa mirada hay una mujer fundamental: la doctora Carme Valls-Llobet, una de las grandes pioneras de la medicina con perspectiva de género en España. Laia había leído sus libros antes de conocerla, pero fue durante una conferencia en Sant Joan de Déu cuando descubrió algo que marcaría profundamente su manera de entender la profesión. Carme hablaba sobre el ciclo menstrual desde una perspectiva que Laia, pese a su formación como ginecóloga, sintió que nunca había escuchado formulada de aquella manera.

Aquel descubrimiento intelectual se convirtió con el tiempo en una relación mucho más profunda. Laia contactó con ella para invitarla a impartir una charla, comenzó a acercarse a RedCAPS, la red de profesionales comprometidas con la salud de las mujeres de la que acabaría haciéndose socia y Carme terminó ofreciéndole la posibilidad de acompañarla en consulta. Lo que empezó leyendo sus libros se ha convertido en una relación estrecha de aprendizaje y transmisión entre dos generaciones de médicas que comparten una determinada manera de mirar la salud de las mujeres.

Laia se reconoce abiertamente como discípula de Carme Valls y, en cierto modo, su trayectoria permite observar cómo una filosofía construida durante décadas encuentra nuevas formas de continuar avanzando. Carme abrió caminos cuestionando los sesgos de género de la medicina y reivindicando una ciencia capaz de estudiar el cuerpo femenino en toda su complejidad. Laia ha encontrado su propia manera de recoger parte de ese legado y proyectarlo hacia los códigos de su generación.

La hormona que estaba esperando su momento

Fotografía de @bymatinaroess

Fotografía de @bymatinaroess

Quizá el ejemplo más evidente de esa voluntad de mirar hacia lugares que habían recibido menos atención sea “El poder de la progesterona a partir de los 40”, el primer libro de Laia Sánchez y una obra que propone desplazar el foco de una conversación hormonal que durante años ha estado dominada, sobre todo en el ámbito divulgativo, por los estrógenos.

La progesterona no es una hormona desconocida para la ciencia ni para la medicina. Lo sorprendente es hasta qué punto lo era para muchas mujeres. Mientras los estrógenos habían ocupado buena parte del imaginario colectivo alrededor de la menopausia y de la salud hormonal femenina, la progesterona seguía siendo para muchas una palabra asociada casi exclusivamente al ciclo menstrual, la fertilidad o el embarazo.

Laia propone ampliar esa mirada y prestar atención a lo que sucede mucho antes de que desaparezcan definitivamente los estrógenos. Durante la transición hacia la menopausia, los cambios en la ovulación y en la producción de progesterona pueden aparecer antes que el descenso estrogénico más sostenido que caracteriza etapas posteriores. Comprender esos cambios permite también observar la perimenopausia desde una perspectiva más amplia y poner nombre a transformaciones que muchas mujeres comienzan a experimentar años antes de su última menstruación.

El libro nace, en buena medida, de esa curiosidad que atraviesa toda su trayectoria. De leer, estudiar, revisar literatura científica y hacerse preguntas. De preguntarse por qué una hormona con un papel tan relevante seguía ocupando un espacio tan pequeño en la conversación pública sobre la salud femenina y de sentir que había llegado el momento de explicarla de una manera que las mujeres pudieran comprender.

Hay algo especialmente significativo en que Carme Valls haya prologado el libro y lo haya señalado como una lectura imprescindible. La mujer a la que Laia comenzó leyendo, la médica que un día escuchó en una conferencia y con la que ahora comparte consulta cada miércoles, aparece así también en el momento en que su discípula decide convertir años de conocimiento y estudio en su propia aportación a la divulgación de la salud femenina.

Junto a ella aparece también, Núria Coll, que firma otro de los prólogos y con quien Laia comparte proyectos de formación y divulgación de salud. Su presencia habla también de una de las capacidades de Laia: saber acercarse a mujeres que, desde lugares diferentes, comparten una voluntad común de transformar la relación que tenemos con nuestra salud y conseguir que el conocimiento llegue más lejos.

Porque generar conocimiento es solo una parte de la ecuación. La otra consiste en conseguir que alguien quiera acercarse a él.

Cuando la medicina aprende a comunicarse de otra manera

Laia ha entendido que una parte importante de la educación sanitaria sucede hoy mucho antes de entrar en una consulta. Puede comenzar con un libro, una formación online, un podcast o una explicación en Instagram que consigue poner palabras a algo que una mujer lleva meses intentando comprender. La revolución no está únicamente en el conocimiento que se genera, sino en encontrar los formatos y el lenguaje capaces de hacerlo accesible sin perder rigor.

Esa misma voluntad está presente en las formaciones digitales y en las visitas online, que permiten superar barreras geográficas y acceder a profesionales con una mirada especializada desde cualquier lugar. Laia se mueve con naturalidad entre esos formatos porque cada uno cumple una función: la consulta acompaña individualmente, la formación profundiza, el libro desarrolla el conocimiento y las redes sociales consiguen que muchas mujeres se acerquen a él por primera vez.

Un buen ejemplo es Menoruta, el proyecto itinerante que comparte con Núria Coll para hablar de menopausia y que convierte la formación en un espacio de encuentro entre mujeres. En esas sesiones se aprende, pero también se pregunta, se comparten síntomas, miedos y dudas que forman parte de una etapa vital sobre la que todavía necesitamos hablar mucho más. Escuchar a otras mujeres permite descubrir que aquello que muchas estaban viviendo en silencio forma parte, en realidad, de una experiencia compartida.

Y en medio de todo eso aparece una de las cualidades que mejor explican la capacidad de Laia para conectar: su sentido del humor. Quien ha asistido a una de sus charlas sabe que con ella se aprende, pero también se ríe mucho. Esa naturalidad consigue quitar solemnidad a conversaciones sobre hormonas, menstruación o menopausia y crear un espacio en el que resulta más fácil preguntar y hablar abiertamente.

Su manera de entender la salud comparte esa misma ausencia de rigidez. Laia defiende los hábitos saludables sin convertirlos en una búsqueda imposible de la perfección y recuerda, muchas veces desde el humor, que la salud también tiene que convivir con la vida. Puede bromear con esa copa de vino puntual entre amigas y las endorfinas que generan las risas compartidas, una forma muy suya de recordarnos que, cuando hablamos de bienestar, también importan los vínculos, el placer, la flexibilidad y nuestra capacidad para disfrutar.

Una doctora que también habla a través de la moda

Y después está la moda.

Una parte de su identidad que, lejos de resultar anecdótica, ayuda a entender todavía mejor quién es Laia Sánchez. Laia disfruta de la estética, del diseño y de la creatividad y nunca ha sentido la necesidad de esconder esa dimensión de sí misma detrás de su profesión. Ha colaborado con firmas como Manu García Costura, Havva Store, Lluís Generó y con proyectos como The Craft Issue, incorporando la moda a una identidad pública que desafía, quizá sin proponérselo, otra de las ideas que durante años hemos asociado a las mujeres que ocupan espacios de conocimiento y autoridad.

Durante demasiado tiempo hemos esperado que una mujer seria tuviera también que parecerlo según unos códigos muy concretos. La moda, la belleza y la estética, territorios históricamente vinculados al universo femenino, han cargado con una injusta sospecha de superficialidad, como si disfrutar de ellos pudiera restar profundidad intelectual o credibilidad profesional. Laia se mueve fuera de esa lógica porque nunca parece considerar que exista una contradicción que necesite resolver.

Puede pasar consulta, leer un artículo científico, preparar una formación, hablar públicamente de los sesgos de género de la medicina y disfrutar profundamente de un vestido. La singularidad está en que todas esas dimensiones conviven sin jerarquías dentro de una misma identidad.

Quizá por eso Laia Sánchez resulta especialmente interesante para The Paper. Porque su historia trasciende la de una ginecóloga que ha encontrado una manera diferente de ejercer su profesión y habla también de algo profundamente contemporáneo: nuestra creciente resistencia a aceptar que una persona deba definirse a través de una única dimensión.

Su manera de romper moldes está en la medicina que defiende y en las preguntas que se atreve a plantear, en una curiosidad científica que la obliga a seguir estudiando cuando podría conformarse con lo que ya sabe, en su decisión de poner la progesterona en el centro de una conversación que parecía mirar siempre hacia otro lugar, en las mujeres que ha sabido reconocer como maestras y compañeras de camino, en los nuevos formatos que utiliza para conseguir que el conocimiento viaje y también en una forma de vestir que nunca ha considerado incompatible con ser tomada en serio.

Quizá dentro de unos años nadie encuentre especialmente llamativo que una ginecóloga integrativa y especialista en PNI defienda públicamente una medicina feminista y con perspectiva de género, escriba un libro pionero sobre progesterona, atienda a una mujer que vive al otro lado del mundo, participe en una formación digital y aparezca al día siguiente vinculada a un proyecto de moda.

Puede que entonces hayamos entendido que la innovación no siempre consiste en inventar algo que no existía. A veces empieza simplemente cuando alguien se atreve a mirar hacia un lugar al que no estábamos prestando suficiente atención.

Y quizá para entonces también hayamos dejado de preguntarnos cómo debería parecer una mujer para tomarla en serio.

La conversación continúa

Quizá este sea, además, un buen momento para conocer a Laia Sánchez más allá de estas páginas. Coincidiendo con la publicación de “El poder de la progesterona”, la doctora se encuentra inmersa en una gira de presentaciones que está llevando el libro y, sobre todo, la conversación que propone, a diferentes ciudades. Una oportunidad para escucharla hablar sobre aquello que lleva años estudiando, preguntarle y descubrir también esa mezcla de conocimiento, cercanía y humor que difícilmente cabe entre las páginas de un libro.

Porque si algo demuestra la trayectoria de Laia es que las conversaciones importantes sobre la salud de las mujeres necesitan salir cada vez a más lugares. De las consultas a los libros, de los libros a las redes, de las formaciones online a encuentros como Menoruta y, ahora, de nuevo al encuentro presencial con las lectoras. Quizá esa sea también su particular manera de entender la divulgación: conseguir que el conocimiento viaje hasta encontrar a las mujeres que lo estaban buscando.


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