EL CONSULTOR QUE ACABÓ ENCONTRANDO SU LUGAR DETRÁS DE UNA BARRA
UNA CRISIS, UNA COCTELERA Y UNA PREGUNTA INESPERADA
Barcelona, 22 de Junio de 2026 / Redacción: Cristina Escudero y Alicia Luque
Antes de fundar Cocktails perquè sí, Mauri Jiménez trabajaba en consultoría. Su día a día transcurría entre reuniones, clientes, despachos y hojas de cálculo. Una trayectoria profesional que parecía perfectamente definida hasta que la crisis de 2011 alteró el rumbo de miles de personas y también el suyo.
Perder el trabajo no formaba parte del plan.
La coctelería tampoco.
Fotografía de Valentina Uribe para WHOSWHITE
Mientras buscaba una nueva oportunidad profesional comenzó a organizar pequeñas catas de gin-tonics a domicilio durante los fines de semana. Lo que empezó como una forma de mantenerse activo terminó convirtiéndose en una profesión. Lo interesante es que Mauri no habla de aquel momento como una gran revelación. “Yo no dejé un trabajo para emprender. Fue el trabajo el que me dejó a mí”, explica.
Quizás por eso su historia resulta tan reconocible. Porque habla menos de perseguir un sueño y más de saber detectar una oportunidad cuando la vida te obliga a cambiar de dirección.
CUANDO UNA BARRA DEJA DE SER UNA BARRA
Durante mucho tiempo la coctelería estuvo asociada a los grandes hoteles, las barras de madera oscura y una cierta idea de sofisticación reservada para unos pocos.
Aquellos cócteles clásicos nacidos entre el Savoy de Londres, Harry’s Bar en Venecia o los años de la Ley Seca construyeron buena parte del imaginario que todavía hoy asociamos a la profesión.
Sin embargo, la coctelería contemporánea ha evolucionado hacia algo mucho más amplio.
Las barras han dejado de ser únicamente lugares donde se sirven bebidas para convertirse en espacios de encuentro, conversación y experiencia.
Mauri lo resume de una forma sencilla:
“La gente que se acerca a una barra quiere felicidad.”
Quizás ahí se encuentre una de las claves de la transformación que está viviendo el sector. Ya no se trata únicamente de qué se bebe, sino de todo lo que sucede alrededor.
Via @whiteagency_barcelona x @cocktailsperquesi
Fotografía de @cocktailsperquesi
LA NUEVA GENERACIÓN DEL PLACER
También nuestra relación con el lujo ha cambiado.
La acumulación ha cedido espacio a la experiencia. Cada vez valoramos más aquello que no puede guardarse en una estantería: una conversación, una celebración, una sobremesa o una noche que permanece en la memoria mucho después de haber terminado.
La coctelería encaja perfectamente en esta nueva sensibilidad.
Igual que sucedió con el café de especialidad o con determinados movimientos gastronómicos, el interés ya no está únicamente en el producto. Está en la historia que hay detrás, en el ritual y en la atención al detalle.
Por eso resulta cada vez más habitual encontrar colaboraciones entre bartenders, chefs, diseñadores, floristas o artistas. Todos trabajan, en el fondo, con el mismo material: las emociones.
La creatividad líquida ocupa hoy un territorio fascinante donde gastronomía, diseño, hospitalidad y experiencia dialogan constantemente.
Fotografías de @cocktailsperquesi
Fotografía de @cocktailsperquesi
MENOS EXCESO, MÁS ELECCIÓN
Una de las transformaciones más interesantes de los últimos años ha llegado desde los cócteles sin alcohol o de baja graduación.
Durante décadas parecieron existir únicamente como una alternativa para quienes no bebían alcohol. Hoy constituyen una categoría propia impulsada por nuevas técnicas, ingredientes y una manera diferente de entender el disfrute.
Destilados sin alcohol, fermentados, kombuchas, infusiones y productos inspirados en la cocina contemporánea han ampliado enormemente las posibilidades creativas del sector.
Mauri observa este cambio muy de cerca.
De hecho, uno de los cócteles de los que habla con más entusiasmo combina frutos rojos, cítricos y sake y apenas alcanza un 3% de graduación alcohólica. La anécdota explica algo mucho más grande. Una generación que ya no entiende el bienestar como una renuncia, sino como una elección consciente. Personas que quieren disfrutar de la experiencia completa sin necesidad de recurrir al exceso.
LA HOSPITALIDAD COMO FORMA DE ARTE
Cuando se le pregunta qué aporta realmente una barra a un evento, Mauri evita hablar de bebidas. Prefiere hablar de comunicación.
“La coctelería es una herramienta tan potente como la gastronomía. Si no la utilizas, estás perdiendo una oportunidad enorme para impactar a tus invitados.”
Quizás por eso insiste en que uno de los errores más habituales al organizar un evento es pensar únicamente en los gustos propios y no en la diversidad de las personas que asistirán. Al final, la hospitalidad consiste precisamente en eso: anticiparse a las necesidades de los demás.
Después de años detrás de una barra ha llegado a una conclusión sencilla: un buen cóctel servido por alguien enfadado nunca será un buen cóctel.
Y posiblemente esa frase explique mejor que ninguna otra por qué la coctelería contemporánea tiene cada vez menos que ver con las bebidas y cada vez más con las personas.
Porque las personas rara vez recuerdan exactamente qué llevaban en la copa. Pero sí recuerdan cómo se sintieron mientras la sostenían entre las manos.
Fotografías de Valentina Uribe para WHOSWHITE