Ecléctica.bcn o la belleza de las casas que invitan a quedarse
Hay algo revelador en atravesar las puertas del Círculo Ecuestre y descubrir que, durante unas semanas, el edificio ha dejado de ser únicamente un contenedor de historia para convertirse en una especie de manifiesto sobre las nuevas formas de habitar. No tanto desde la arquitectura o el interiorismo entendidos como disciplinas aisladas, sino desde algo mucho más complejo y, probablemente, mucho más contemporáneo: la convivencia entre sensibilidades.
Eso es lo que hace interesante a Ecléctica.bcn
Barcelona, 11 de Junio de 2026
Porque sería fácil definirla como una exposición de interiorismo. También como una sucesión de espacios firmados por algunos de los nombres más reconocidos del diseño junto a figuras procedentes de la música, el cine, la gastronomía o la comunicación. Pero ninguna de esas definiciones termina de explicar lo que sucede al recorrerla. La sensación se parece más a hojear una revista cultural tridimensional donde cada estancia funciona como una historia y donde, entre una y otra, empieza a dibujarse una misma sensibilidad.
La de una generación que parece haber dejado de buscar casas perfectas para empezar a construir espacios que hablen de quiénes somos.
Durante años hemos fotografiado las casas como si fueran escenarios. Ecléctica.bcn propone algo mucho más interesante: volver a imaginarlas como lugares donde suceden las cosas. Lugares donde se cocina, se trabaja, se escucha música, se lee, se conversa y se comparte tiempo. Espacios donde la vida deja huella y donde los objetos adquieren valor no tanto por lo que representan, sino por las historias que terminan acumulando.
Quizás por eso algunas de las propuestas más interesantes son precisamente aquellas que huyen del impacto inmediato.
Todas las fotografías pertenecen a @eclectica.bcn
La belleza silenciosa de los materiales cuando la innovación no necesita hacer ruido.
El baño concebido por Sara Folch introduce una reflexión inesperada sobre uno de los materiales más ancestrales de la arquitectura mediterránea. La cerámica deja de ser una simple superficie para convertirse en una experiencia sensorial donde el sonido adquiere protagonismo. Hay algo fascinante en esa capacidad de seguir descubriendo posibilidades contemporáneas en materiales que forman parte de nuestra memoria colectiva. En un tiempo obsesionado con la innovación tecnológica, encontrarla en la materia y en la experiencia resulta casi poético.
La misma búsqueda de una belleza silenciosa aparece en el despacho concebido por Asun Antó. Lejos de la frialdad con la que a menudo se interpreta el espacio de trabajo, aquí emerge una oficina que invita a permanecer. La distribución aprovecha cada rincón con una naturalidad que nunca se siente forzada y, sobre ella, la gran escultura cerámica de Eduardo Pérez Cabrero aporta una dimensión casi artística al conjunto. Una pieza que recuerda que la artesanía no necesita nostalgia para seguir siendo contemporánea y que, en ocasiones, son precisamente las manos las que aportan alma a los espacios.
Hay otro ambiente que merece detenerse sin prisa. El concebido junto a Estrella Damm consigue algo extraordinario: traducir la identidad de una cerveza en una atmósfera. Los tonos tostados remiten inevitablemente a las barricas y a la profundidad cromática de la malta, mientras que la lámpara diseñada específicamente para la estancia parece capturar ese instante casi hipnótico en el que las burbujas ascienden lentamente al servir una cerveza. El resultado es minimalista, sí, pero profundamente cálido. Un ejercicio de contención donde el color, las texturas y la presencia del trabajo artesanal construyen una elegancia serena, demostrando que la sencillez no consiste en eliminar elementos, sino en saber elegir cuáles merecen permanecer.
Fotografía de Meritxell Arjalaguer
Cuando el confort se convierte en una forma de cultura.
En otro registro, el salón creado por Pia Capdevila junto a Martina Klein reivindica una idea que parecía haber desaparecido durante años: el confort como una forma de lujo contemporáneo. Hay mezclas de materiales, tejidos y estilos que, lejos de competir entre sí, construyen una atmósfera envolvente. Todo parece pensado para que suceda algo más importante que la contemplación. Sentarse, leer, conversar o simplemente alargar la sobremesa. Una cualidad que hoy resulta más excepcional de lo que debería.
Y quizá sea precisamente la conversación la que alcanza su máxima expresión en el espacio imaginado por Lázaro Rosa-Violán e Isabel Coixet. Porque hay una belleza especial en las mezclas aparentemente imposibles. Objetos con memoria, referencias culturales, materiales y piezas que no buscan una perfección escenográfica, sino algo mucho más difícil de conseguir: contar la historia de quien habita ese lugar. El resultado posee esa rara cualidad que comparten las casas verdaderamente interesantes, aquellas donde uno puede imaginar cenas entre amigos que se prolongan hasta la madrugada, libros abiertos sobre una mesa y conversaciones que cambian de rumbo sin mirar el reloj. Porque las casas más memorables nunca son las más perfectas, sino las que permiten que la vida se instale en ellas con naturalidad.
Pero quizás la verdadera inteligencia de Ecléctica.bcn no se encuentra únicamente en las estancias.
Se encuentra en todo lo que sucede alrededor.
Todo lo que ocurre después de los objetos: la vida compartida como forma de cultura
En una época en la que muchas exposiciones terminan en el mismo instante en que se abandona el espacio, aquí ocurre justo lo contrario. Cada ambiente se prolonga a través de una programación que busca ser coherente con la historia que cuenta. Cocineros como Nandu Jubany trasladan la experiencia gastronómica al centro de la conversación. Xuan Lan propone mañanas de meditación que invitan a habitar el tiempo con otra cadencia. Y proyectos como el taller impulsado por Magdalena Sánchez de Bustamante, antropóloga y fundadora de ILLARIPUNA, introducen una dimensión especialmente sugerente al transformar fibras de camélidos, fragmentos textiles e hilos en un lenguaje capaz de hablar de identidad, territorio y memoria, recuperando las prácticas textiles andinas desde una mirada profundamente contemporánea.
Y es precisamente ahí donde Ecléctica.bcn revela algo mucho más interesante que un ejercicio de interiorismo. Porque las casas no se recuerdan por los objetos que contienen, sino por las experiencias que albergan. Por las conversaciones alrededor de una mesa, por las recetas compartidas, por los libros subrayados, por las sobremesas que se alargan sin prisa y por esos rituales cotidianos que terminan definiendo una forma de vivir.
Cuando las casas dejan de ser escenarios y vuelven a ser refugios.
Quizás por eso, más que una exposición, Ecléctica.bcn se siente como una conversación sobre la vida contemporánea. Una conversación pausada, llena de matices y de belleza serena, que encuentra un escenario inesperado en uno de los edificios más clásicos de Barcelona y que deja una sensación difícil de explicar pero muy fácil de reconocer: la de esos lugares en los que uno desearía quedarse un poco más porque intuye que todavía quedan historias por escuchar.
En un momento en el que las tendencias se suceden a una velocidad imposible y las imágenes parecen consumirse casi al mismo ritmo al que se producen, resulta reconfortante encontrar propuestas que reivindican el valor de lo vivido, de la mezcla, de la artesanía, del tiempo compartido y de las casas entendidas no como escenarios perfectos, sino como refugios imperfectos donde construir recuerdos. Y quizá esa sea la idea más valiosa que deja Ecléctica.bcn: que habitar sigue siendo, por encima de todo, una manera de relacionarnos con el mundo y con quienes lo compartimos.
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